Naucrates

Noticias y comentarios sobre Astronomía (y otras cosas remotamente relacionadas)

28 diciembre 2003

Pléyades

Fijémonos esta semana en un grupito muy interesante de estrellas que aparecen durante esta época al Este, en la constelación de Tauro. Para identificarlas, basta con seguir hacia arriba la línea que dibujan las Tres Marías, en Orión. Veremos una estrella roja y brillante, llamada Aldebarán (el ojo furioso del Toro). Doblando el camino recorrido llegamos a este cúmulo estelar, conocido como “Pléyades” o “las siete cabrillas”, pues en una noche oscura y sin luna llegamos a discernir hasta siete débiles estrellas, muy próximas entre sí, formando una figura que recuerda al carro de la Osa Mayor. Con unos prismáticos distinguiremos hasta treinta, aunque se sabe que son en realidad medio millar de estrellas jóvenes (en términos astronómicos: tienen unas pocas decenas de millones de años) que conforman esta curiosa agrupación estelar.

En la mitología griega, las Pléyades eran las Siete Ninfas (Maya, Electra, Taijete, Alcyone, Celeno, Asterope y Merope) hijas de Pléione y del gigante Atlas. Maya y Taijete se casaron con Júpiter, Alcyone y Celeno con Neptuno y Asterope con Marte. Los dioses las salvaron de Orión, convirtiéndolas en palomas. Tras su muerte se convirtieron en estrellas, seguidas de cerca siempre por el implacable cazador.
Cuando las Pléyades salían al amanecer en primavera, los pueblos antiguos comenzaban la siembra de los campos, y su culminación en lo alto del cielo, en Noviembre, indicaba la fecha adecuada para venerar a los muertos (nuestro Día de Todos los Santos). Las Pléyades también están presentes en la cultura de los indios americanos y de algunos pueblos esquimales.

21 diciembre 2003

Solsticio

Hoy comienza oficialmente el invierno en el hemisferio boreal, aunque meteorológicamente ya lo sentimos desde hace varias semanas. Y comienza con una serie de particularidades astronómicas. Por ejemplo, ésta será la noche más larga del año. Hoy el Sol saldrá y se pondrá más al sur que nunca desde el anterior solsticio invernal, y culminará (alcanzará su máxima altura respecto al horizonte) en un punto inusualmente bajo. Sin embargo, llegará al cenit en el Hemisferio Sur (en los países recorridos por el Trópico de Capricornio), que comienzan hoy su estación veraniega. Todas esto se debe a la inclinación que presenta el eje de la tierra respecto al plano que dibuja al moverse alrededor del Sol, lo que hace que, durante el invierno, los rayos solares lleguen a los países septentrionales muy inclinados, dispersando su poder calorífico sobre superficies muy amplias; incapaces por tanto de elevar las temperaturas.

Ésta es la razón de la sucesión anual de estaciones, y no, como se cree popularmente, la cercanía o lejanía de nuestro planeta al Astro Rey. La órbita de la Tierra es, efectivamente, elíptica, lo cual hace que la distancia al sol varíe a lo largo del año. Pero, curiosamente, es durante el invierno septentrional cuando más cerca estamos del Sol (concretamente el 4 de enero: es el “perihelio” terrestre), casi cinco millones de kilómetros más que en verano.

El hecho de que, a partir de hoy, los días son cada vez más largos, era motivo de regocijo en las antiguas civilizaciones. La celebración de la Navidad hunde sus raíces en esta tradición pagana, de origen astronómico. ¡Feliz solsticio!

14 diciembre 2003

Saturno

Como comentábamos la semana anterior, este planeta se verá en buenas condiciones durante los próximos meses en la constelación de Géminis (está alineado con las estrellas Rigel y Betelgeuse de Orión). Hasta el descubrimiento de Urano en 1781, se pensaba que Saturno era el último planeta, y de hecho es el más lejano de los observables a simple vista. Cuando Galileo apuntaba su rudimentario catalejo hacia este astro, acertaba a ver, sorprendido, un par de “orejas” a los lados del disco planetario. Eran lo que más tarde se confirmaron como grandes anillos rodeando al planeta, los más espectaculares de los que caracterizan a los grandes planetas gaseosos. Hoy sabemos que están compuestos por infinidad de pequeñas rocas de hielo que giran alrededor del planeta. La inclinación de los anillos varía vista desde la Tierra, y su grosor es tan pequeño que llegan a “desaparecer” cuando se ponen de canto, como ocurrió en 1995.
El día en saturno sólo dura 10 horas, pero su año equivale a 30 terrestres. Se conocen 31 lunas de este planeta, muchas de ellas son pequeños cuerpos dentro de los anillos; otras, como Titán, son enormes y visibles desde la Tierra con telescopios de aficionado. La misión Cassini-Huygens, en la que participa España, llegará a este satélite dentro de un año para estudiar su compleja atmósfera. Se sospecha que en Titán se dan condiciones adecuadas para la presencia de reacciones químicas de tipo biológico. Dentro de unos meses podremos saber algo más acerca de la vida en el Universo, ese fenómeno tan complejo como fascinante.

07 diciembre 2003

Orión

Si miramos hacia el sureste cualquiera de estas desapacibles noches otoñales, podremos admirar una de las más maravillosas constelaciones de todo el firmamento: Orión. Su forma característica y el notable brillo de las estrellas que la conforman la hacen inmediatamente reconocible. Orión, en la mitología antigua, era un valeroso cazador, y en el cielo aparece acompañado de sus perros (el Can Mayor y el Can Menor). Zeus dispuso a Orión y a su codiciada presa, el Escorpión, en regiones opuestas de la bóveda celeste, de forma que cuando uno sale por el Este el otro ya se ha ocultado por el Oeste, persiguiéndose eternamente.

Los hombros del gigante los forman dos conocidas estrellas, Betelgeuse y Bellatrix. La primera de ellas, de color rojizo, es gigantesca. Si redujéramos a nuestro Sol a un balón de fútbol, Betelgeuse, a la misma escala, no cabría en la Cúpula de San Pedro del Vaticano. Rigel, de tono azulado, y Saiph, forman los pies. En el centro del rectángulo vemos las famosas “Tres Marías” (Alnitak, Alnilam y Mintaka), que forman el Cinturón de Orión, del que pende una “espada” formada por varias estrellas débiles y multitud de bellísimos objetos, apreciables con instrumental óptico. La Gran Nebulosa de Orión (llamada “Catedral del Firmamento”) destaca entre ellos, y la célebre Nebulosa de Cabeza de Caballo, pues tal parece vista con potentes telescopios.
A lo largo de los próximos meses no podremos dejar de advertir un punto brillante a la izquierda de Orión, que no es, sin embargo, una estrella. Es el planeta Saturno, del que hablaremos la próxima semana.