Naucrates

Noticias y comentarios sobre Astronomía (y otras cosas remotamente relacionadas)

18 enero 2004

Dos semanas después

Tras la desilusión por no haber hallado un nuevo meteorito en León, los esfuerzos de los astrónomos se centran ahora en esclarecer qué trayectoria siguió el bólido del 4 de enero. Gracias al trabajo de campo de cientos de astrónomos, profesionales y aficionados, recogiendo durante las dos últimas semanas una importante cantidad de testimonios, los científicos han calculado una trayectoria provisional para este meteoro, siendo la primera vez que se hace una determinación de este tipo para un bólido diurno en España. En este sentido, ha resultado determinante el fragmento de vídeo grabado por un videoaficionado en El Ejido, en el que, además de las espectaculares explosiones que sufrió este cuerpo en su entrada a la atmósfera, aparece la Luna, como un pequeño puntito brillante testigo de la dramática escena. Como sabemos exactamente qué posición tenía nuestro satélite en ese momento, se puede calcular con relativa precisión el camino seguido por el meteoro. Parece ser que cruzó el sur de la provincia de León, sobrevolando los alrededores de la capital a 80 kilómetros de altura y dirigiéndose hacia el noreste, donde explotó unos 30 kilómetros de altura sobre el norte de Palencia. En cualquier caso, la trayectoria propuesta inicialmente (Galicia – Valencia) es incorrecta.
A pesar de la emoción del momento, y de las malas jugadas que nos hace la psicología, la memoria y la perspectiva, hay personas que aún hoy recuerdan perfectamente dónde estaban el día 4 de enero a las 17:50, y dónde vieron pasar a este bólido. Su testimonio tiene un gran valor científico. A todas ellas, muchas gracias.

11 enero 2004

Bólido

Esta ha sido una semana astronómicamente intensa. A los éxitos de las misiones espaciales Stardust y Spirit, encargadas, respectivamente, del estudio del cometa Wild 2 y del planeta Marte, y al descubrimiento de la estrella más grande encontrada hasta la fecha, hay que añadir un suceso imprevisto y que posiblemente no se repita en muchas décadas. A una semana vista, podemos estar razonablemente seguros de que la bola de fuego que miles de leoneses vieron surcar el cielo a gran velocidad fue realmente un meteoro, esto es, un fragmento rocoso interplanetario que, atraído por la gravedad terrestre, chocó contra la atmósfera y se calentó hasta entrar en ignición, explotando aproximadamente sobre la localidad de Renedo de Valderaduey. Dada la tremenda velocidad con que cruzó la península, es posible que, aunque esta roca estallara sobre León, los fragmentos (si alguno sobrevivió a la combustión) no hayan caído en nuestra provincia. En todo caso, su hallazgo es extremadamente dificil, y es probable que el de Reliegos siga siendo durante bastante tiempo el último meteorito hallado en suelo español.
Dada su infrecuencia, los meteoritos no suponen un peligro real para la población. Estadísticamente, sólo cada varios millones de años nos encontramos con rocas que suponen un riesgo serio para la vida en nuestro planeta. La Luna, que con su fuerza gravitatoria desvía hacia sí misma gran parte de estas rocas (como podemos comprobar con unos prismáticos, observando su superficie llena de cráteres) y el efecto escudo de atmósfera terrestre, nos hacen estar razonablemente tranquilos.

04 enero 2004

La estrella de Belén

El Evangelio según San Mateo habla de una brillante estrella que guió a los Magos de Oriente hacia Belén. La lista de hechos religiosos con trasfondo astronómico es extensa. Por ejemplo, la “Kaaba”, la roca sagrada de los musulmanes, es un enorme meteorito. Muchos acontecimientos históricos solían venir precedidos de cometas u otros astros que irrumpían en el firmamento. La descripción que se ofrece en la Biblia de la estrella de Navidad es muy parca, aunque históricamente se han intentado elaborar algunas explicaciones científicas para este fenómeno. Las más célebres proponen desde el cometa Halley hasta una una nova, pasando por el planeta Venus, una afortunada conjunción entre los planetas más brillantes, o una lluvia de meteoros. Con las modernas aplicaciones informáticas, podemos conocer qué aspecto tenía el cielo en cualquier fecha histórica y desde cualquier zona del mundo, y hoy sabemos que algunos de estos fenómenos fueron efectivamente visibles a finales del siglo I a.C. desde Oriente Medio, coincidiendo con las fechas más probables atribuidas en la actualidad al nacimiento de Cristo, entre los años 7 y 3 a.C. Sin embargo muchas de estas conjeturas adolecen de graves inconsistencias y son rechazadas por los especialistas.
Hay que tener en cuenta que, en cualquier caso, es probable la narración sobre la estrella de Belén, como muchos otros relatos bíblicos, tenga un carácter metafórico y simbólico, y sea incorrecto interpretarlo al pie de la letra como un fenómeno astronómico. En Ciencia, las explicaciones más sencillas suelen ser también las más certeras.