Naucrates

Noticias y comentarios sobre Astronomía (y otras cosas remotamente relacionadas)

11 julio 2004

El Mensajero

Mercurio, el Mensajero de los Dioses, es el nombre del planeta más cercano al Sol, que sigue siendo uno de los grandes desconocidos para la Ciencia. Desde la visita del Mariner 10 en 1975 no hemos regresado a este pequeño infierno que se ha convertido, junto a Plutón, en uno de los planetas menos conocidos. Los datos de que disponemos sobre su naturaleza no son muy fiables, y la cartografía de su superficie es pobre e incompleta. La NASA tiene prevista para este año una misión dirigida en exclusiva a investigar este extraño mundo, en busca de pistas sobre el origen del sistema solar. La nave, acertadamente bautizada como “Mensajero”, habrá de sobrevolar primero Venus un par de veces para coger velocidad y así llegar a su destino hacia 2009. La sonda fotografiará entonces toda la superficie del planeta, prestando especial atención a algunos de los relieves más significativos de su geología, como la cuenca Caloris, un enorme cráter provocado por un impacto que modificó sensiblemente la estructura de todo el planeta.
Mercurio es un planeta muy pequeño y denso, los astrónomos creen que en realidad es el núcleo de un planeta que perdió su corteza en el pasado. Su aspecto es muy semejante al de la Luna, llenos de cráteres, y su superficie soporta temperaturas de más de 300º C (que descienden a 170 bajo cero por la noche). El estudio de su peculiar órbita permitió confirmar, hace varias décadas, la Teoría de la Relatividad de Einstein. Sin embargo, al estar tan cerca del Sol, es difícil estudiarlo con telescopio. Esperemos que el Mensajero nos ayude a acercarnos a este inquietante mundo.

Titán

En ocasiones la gente pregunta a los astrónomos aficionados si su actividad, además de ser un pasatiempo algo extravagante, tiene alguna utilidad de cara al avance de la Ciencia. Ciertamente parece difícil de explicar cómo el observar la ocultación de una diminuta estrella por otro astro durante unos instantes puede tener algo de especial. ¿Cómo un hecho tan aparentemente insignificante puede contribuir de manera significativa al desarrollo de la Astronomía? En 1908 el astrónomo catalán Josep Comas Solà se encontraba observando la ocultación de una estrellita por parte de Titán, la mayor de las lunas de Saturno. Para su asombro, la luz de la estrella no se apagó instantáneamente al pasar el satélite por delante de ella, sino que lo hizo de forma gradual, extinguiendo su brillo poco a poco hasta quedar totalmente eclipsada por el astro. Al emerger por el lado opuesto de Titán, la estrella también fue recobrando paulatinamente su fulgor, como si fuera un exótico amanecer extraterrestre. Comas acababa de descubrir la atmósfera de Titán, el pequeño mundo que, casi un siglo después, va a ser visitado por la sonda Huygens en lo que será sin duda una de las misiones espaciales más importantes de la década, la primera en la historia dirigida a aterrizar en un satélite planetario que no sea la Luna. Gracias a estas observaciones pioneras los científicos han descubierto uno de los ambientes más fascinantes del Sistema Solar, en ciertos aspectos muy parecido al de la Tierra, en el que se especula que se hayan podido dar los primeros pasos hacia la síntesis bioquímica y la aparición de la vida.

04 julio 2004

Osa Mayor

Si miramos al norte en cualquier época del año no nos será difícil encontrar una gran constelación, una de las más conocidas: la Osa Mayor. El hecho de que sea tan popular se debe a la peculiar e inolvidable figura que forman sus siete estrellas principales; que con el tiempo ha ido adquiriendo decenas de nombres: “Carro”, “Cazo”... Apodos aparte, ésta es una constelación muy rica en objetos celestes, sobre todo en galaxias, de las que seis son visibles con telescopios de hasta 20 cm de diámetro. Entre ellas hay que quedarse con M 81 y M 82. La primera se ve como una nubecilla ovalada y es fácilmente apreciable con unos prismáticos de calidad, mientras que la segunda, tiene forma de cigarro y es algo más difícil de observar. Con un telescopio y un ocular pequeño podemos ver las dos a la vez, pero conviene dedicarle más atención a cada una, subiendo un poco el aumento de nuestro aparato. En esta zona también podemos encontrar, por ejemplo, varias estrellas dobles (a simple vista se ven como una sola pero que los prismáticos o el telescopio revelan dos).

De todas ellas destaca la pareja Mizar-Alcor. Es la estrella central del “mango” del Carro, y los que gocen de buena vista podrán distinguir que son un par sin necesidad de instrumento óptico alguno, dada su amplia separación. Además de ofrecernos éstas maravillas, la Osa Mayor nos conduce a la Estrella Polar. Para llegar a ella debemos prolongar la distancia entre Merak y Dubhe (las estrellas más orientales del Carro) unas cinco veces. No será difícil encontrar a Polaris, la estrella más brillante de esa pequeña región del cielo.