Naucrates

Noticias y comentarios sobre Astronomía (y otras cosas remotamente relacionadas)

24 octubre 2004

Eclipses

El pasado día 14 tuvo lugar un eclipse de sol sin gran trascendencia, debido principalmente a que fue parcial y sólo pudo observarse desde regiones remotas (Siberia oriental y Alaska). Sin embargo, tuvo lugar un fenómeno singular: este eclipse comenzó el jueves día 14 y terminó el día anterior, el miércoles 13. ¿Cómo puede ser esto posible? Esta aparente paradoja se explica teniendo en cuenta que la sombra de la Luna sobre la superficie de la Tierra atravesó, de Oeste a Este, la Línea Internacional de Cambio de Fecha; una frontera imaginaria que cruza el Océano Pacífico de Norte a Sur. Al cruzarla en este sentido, el viajero debe retrasar su reloj una fecha, con lo que gana un día completo; y viceversa. En la novela de Verne, este fenómeno permite a Phileas Fogg ganar su apuesta ante el Reform Club de dar una vuelta al planeta en 80 días, cuando ya la daba por perdida.
Normalmente, dos semanas antes o después de un eclipse de Sol acontece otro de Luna, y eso es precisamente lo que ocurrirá durante la madrugada del próximo jueves. A partir de las 3:15, nuestro satélite se sumergirá paulatinamente en la sombra proyectada por la Tierra, de la que no saldrá completamente hasta casi las siete de la mañana. Entre las 4:23 y las 5:45 estará completamente dentro de nuestra sombra, a pesar de lo cual se seguirá viendo con un débil brillo rojizo. Aunque la hora no es del todo propicia, es una buena oportunidad para observar este singular fenómeno astronómico; sobre todo si consideramos que el próximo eclipse total de Luna visible desde España no tendrá lugar hasta el 2007.

17 octubre 2004

Compre una estrella

Todas las civilizaciones han bautizado a las estrellas más brillantes del firmamento siguiendo criterios propios. En el mundo occidental han prevalecido esencialmente los nombres árabes, que aún son utilizados por la comunidad científica; sin embargo, a medida que se fueron descubriendo más y más astros se hizo evidente la necesidad de nombrarlos conforme a reglas fijas y estables. La manera más sencilla de hacerlo es mediante cifras; y hoy existen catálogos con cientos de millones de estrellas numeradas que permiten su identificación exacta e inequívoca. Actualmente proliferan ciertas empresas que se dedican a bautizar estrellas con el nombre que les propongamos, previo pago de una generosa suma de dinero. “El regalo perfecto”, según reza la publicidad. La recompensa es una carta estelar con la posición de “nuestra” estrellita y un presunto documento oficial reconociendo el nuevo nombre. Ni que decir tiene que este impreso sólo tiene validez para el fuero interno de la empresa, ya que el único organismo reconocido oficialmente para nombrar a las estrellas es la Unión Astronómica Internacional. La nomenclatura de los nuevos cometas y asteroides; y la de los accidentes geográficos que se descubren en otros mundos (por ejemplo, los cráteres lunares), también están sujetos a normas muy estrictas. De todas formas, si le hace ilusión inmortalizar un astro con su nombre; salga a la calle, busque la estrella que más le guste y apunte su nuevo nombre en un papel. Tendrá la misma validez que esos supuestos “bautismos”, pero por lo menos le saldrá gratis.

10 octubre 2004

Nobel

Newton fue la primera persona en darse cuenta de que la fuerza que hace caer una manzana del árbol es la misma que mantiene a la Luna sujeta a la Tierra, haciéndola describir una órbita elíptica cada mes. Dedujo también que esta fuerza, llamada “gravedad” es tanto más intensa cuanto más cercanos están los cuerpos implicados; por ejemplo, si la Luna estuviera dos veces más lejos de nosotros la gravedad se reduciría a una cuarta parte; si estuviera tres veces más lejos, disminuiría a un noveno de su valor actual, y así sucesivamente. Los científicos poco a poco se dieron cuenta de que esta ley se verificaba igualmente para otras fuerzas que imperan en el Universo como, por ejemplo, el magnetismo. Sin embargo, hace unos años los físicos estadounidenses David Gross, David Politzer y Frank Wilczek descubrieron que esto no siempre es así. Los llamados “quarks” –las partículas subatómicas más pequeñas conocidas, integrantes de protones y neutrones, que a su vez forman el núcleo de los átomos- se comportan de una forma extraña. Como si estuvieran colocados en los extremos de diminutas gomas elásticas, la fuerza que los une crece a medida que se alejan entre sí, pero es pequeñísima cuando están juntos. Este notable hallazgo, cuyas consecuencias sólo estamos empezando a comprender, ha sido justamente valorado por la Academia Sueca, que ha concedido el premio Nobel de Física correspondiente a este año a estos distinguidos sabios. Su aportación en el campo de lo infinitamente pequeño nos ayuda, paradójicamente, a explicar los procesos que organizan a gran escala el Universo