Naucrates

Noticias y comentarios sobre Astronomía (y otras cosas remotamente relacionadas)

04 febrero 2005

Aniversario

Si uno busca bien, puede celebrar una efeméride (relevante) casi todos los días del año. Como la mayoría tenemos diez dedos, nos gustan los múltiplos de este número y tratamos inconscientemente de buscarlos en todas partes. Así, este año se celebran los 10 x 10 = 100 años de la publicación en una revista de Física alemana un artículo bastante extenso (para los cánones actuales) titulado "sobre la electrodinámica de los cuerpos en movimiento", y escrito por un tal "A. Einstein", entonces trabajador en una oficina de patentes. Para la parte de la comunidad científica que estaba al corriente de los experimentos de Michelson y Morley y de los trabajos, entre otros, de Poincaré y de Lorentz, este trabajo no pasó desapercibido. En él se describía la Teoría de la Relatividad Especial o Restringida, más tarde completada como Teoría General de la Relatividad, probablemente uno de los más importantes acontecimientos científicos de todos los tiempos que, sin embargo, no le valió ningún Premio Nobel a su autor. Pues bien, un siglo después Naciones Unidas ha declarado al 2005 como Año Mundial de la Física. Los participantes en esta iniciativa se han propuesto hacer ver al público que comprender la esencia de las ideas revolucionarias, sorprendentes y bellísimas que subyacen detrás de esta Teoría no sólo es sencillo, si no también divertido y fascinante.
Como todos saben, en 2005 también celebramos el 400 aniversario de la publicación en Madrid de la más perfecta obra de arte creada en España en toda la historia. En sus páginas el autor, que durante mucho tiempo buscó en vano los favores de la Corte, plasmó con una maestría y genialidad aún no superadas una historia clásica redibujada a la luz de una nueva época, estableciendo la cima absoluta de un género que reinaría durante varios siglos. Los expertos han querido ver en esta obra, tanto en el fondo como en su forma, una suerte de transición entre las formas antiguas medievales y la nueva forma de entender el arte durante el Siglo de Oro. Esta trascendental pieza, asentada sobre las bases de un profundísimo conocimiento técnico, y agraciada con una inspiración sublime, desborda en toda su extensión una pasión luminosa e incontenible.
El resto de títulos del autor, de una calidad similar a ésta, no alcanzaron quizás tanta fama, siendo ésta publicación su obra de referencia por excelencia hoy en día. Como toda gran obra, ha sido motivo de muy diferentes lecturas a lo largo de los siglos, dejando cada lector en ella su visión particular, el reflejo de sus circuntancias más personales y también la síntesis colectiva de una forma de enender el arte. Imitada hasta la saciedad, pero jamás superada, ha estado presente siempre en las grandes ocasiones de nuestra historia como referente cultural, sin embargo no sorpendería que pasase desapercibida ante la ciudadanía media. Y es que aún no se ha hecho verdadera justicia ni con el autor ni con su obra. No ha sido si no hasta recientemente que el mundo académico (principalmente extranjero, por cierto) ha dejado de pasar de puntillas al lado de este genio y ha comenzado a apreciarlo en su verdadera dimensión, comaparable a la de sus coetaneos europeos, de los que supo absorber las mejores esencias para dotar a su inmortal obra de una impronta particular cercana a la perfección.
El estilo del autor, solemne y arcaizante, pero a la vez directo y humilde, se deja sentir en cada una de las palabras, dotadas de una expresividad asombrosa. El eterno diálogo entre lo material y lo espiritual, la serenidad y al mismo tiempo la rebeldía ante la adversidad; la reflexión, en definitiva, sobre la vida, es la base argumental de esta imperecedera obra maestra.
Me refiero, lógicamente, a la publicación, en 1605, de la obra de música polifónica "Officium Defunctorum, sex vocibus, in obitu et obsequiis sacrae imperatricis", del compositor abulense Tomás Luis de Victoria, dedicado a la infanta Margarita, hija de la Emperatriz María.
¿O en qué estaban pensando?
Victoria, tal vez consciente de que había alcanzado la cumbre de su capacidad compositiva (un lugar inalcanzable para el resto de los mortales), no volvió a publicar nada más hasta su muerte. Falleció seis años después cerca del Convento de las Descalzas en Madrid, donde trabajaba como simple organista, probablemente solo y olvidado.
Al terminar de escuchar el Officium Defunctorum uno entiende que, efectivamente, ya no hay nada más que decir.
Más información sobre la vida y obra de Tomás Luis de Victoria en:

Presentación

Saludos a todos.
Comienza su andadura este pequeño blog en el que postearé (siempre que me acuerde y tenga un ratillo) las columnas "A Ras de Cielo" que publica la Asociación Leonesa de Astronomía en el periódico Diario de León . Aprovecharé también de vez en cuando para escribir sobre otros temas, principalmente música, escepticismo y Ciencia en general.
Ni que decir tiene que agradeceré comentarios, opiniones y sugerencias, y prometo aceptar de buen grado críticas constructivas.