Naucrates

Noticias y comentarios sobre Astronomía (y otras cosas remotamente relacionadas)

25 enero 2006

El final

El reconocer al Sol como una estrella más –sólo que extremadamente brillante por su cercanía- llevó varios siglos en la historia de la Ciencia. El Sol es una estrella media en muchos sentidos; en términos absolutos no es especialmente brillante ni tampoco muy pesada ni voluminosa comparada con las del resto de la Vía Láctea. Se formó hace unos 5.000 millones de años a partir de los restos de la explosión otra estrella anterior, y actualmente se encuentra en la denominada “secuencia principal”, el ciclo vital promedio que siguen la inmensa mayoría de estrellas. Los astrónomos calculan que el Sol se encuentra aproximadamente en la mitad de su vida. Hasta que duplique su edad su actividad será relativamente constante y no se apreciarán cambios significativos en su funcionamiento. Para entonces ya habrá agotado casi todo el hidrógeno (su combustible y principal constituyente) y su núcleo comenzará a menguar paulatinamente. Las estrellas en esta tesitura recurren a “quemar” su otro componente principal, el helio, pero de todas formas éste también acaba agotándose tarde o temprano. El aumento de la temperatura hará que sus capas exteriores se expandan, tanto que la superficie de nuestra estrella llegará a la propia Tierra, eliminando cualquier resto de vida que pudiera quedar en ella para entonces. Esta fase de “gigante roja”, que dura unos 1.000 millones de años, concluye cuando la estrella se desembaraza al fin de su envoltura –que formará una nebulosa a su alrededor- dejando al descubierto un núcleo que se enfriará lentamente como una brasa mortecina en la inmensidad del espacio.

11 enero 2006

Hierro

En ocasiones la investigación astronómica revela extraños y sorprendentes vínculos entre nosotros y el Cosmos. Por ejemplo, pocas cosas asociamos más directamente con el fenómeno de la vida que la sangre, ese tejido fluido que recorre incesantemente nuestro cuerpo transportando oxígeno y alimento a cada una de nuestras células. El intenso color rojo de este líquido se debe a la presencia de una compleja molécula, llamada hemoglobina, que resulta esencial para que el sistema circulatorio desempeñe su función correctamente. En el corazón de cada molécula de hemoglobina hay un átomo de hierro, elemento químico que debemos incorporar en nuestra dieta si deseamos estar saludables. Pues bien, todo el hierro del nuestro mundo procede la explosión de una supernova hace miles de millones de años, un colosal estallido de cuyas cenizas se formó el actual sistema solar. No es una metáfora literaria: el hierro que en este instante está recorriendo sus venas estuvo una vez en el interior de una gigantesca estrella que sucumbió y desapareció antes de que existiera la propia Tierra que habitamos. Cada uno de esos átomos que nos permiten vivir formó parte de un lejanísimo astro del que el propio Sol es testigo. La expresión “somos polvo de estrellas” cobra así todo su dramático y trascendente significado. Estamos profunda y misteriosamente vinculados con la historia del Universo, que ingenuamente llamamos “nuestro”. El intelecto humano ha puesto en evidencia las asombrosas conexiones que unen la vida y el firmamento. La Astronomía no sólo es fuente de conocimientos, también de inspiración.

05 enero 2006

61 segundos

Esa fue la duración oficial del último minuto del año pasado, un valor evidentemente anómalo que obligó a ajustar los relojes de precisión repartidos por todo el mundo; y, con ellos, los sistemas informáticos, de navegación y telecomunicaciones internacionales. Así lo propuso el Servicio Internacional de la Rotación de la Tierra, que regularmente se encarga de estos pequeños ajustes, el último de los cuales tuvo lugar en 1999. Y es que los días se van haciendo imperceptiblemente más largos, una milésimas de segundo cada año. En efecto, existen claras pruebas paleontológicas de que, hace millones de años, los días duraban varias horas menos que en la actualidad. Este “frenado” secular se debe a la acción gravitatoria de la Luna, responsable de las mareas oceánicas y también de pequeñas elevaciones y descensos periódicos de la superficie emergida que provocan fricciones entre las rocas de la corteza terrestre, como consecuencia de las cuales la velocidad de rotación de nuestro planeta se atenúa paulatinamente. El mismo efecto, pero a la inversa, provoca que nuestro satélite se aleje constantemente de nosotros, a razón de unos cuatro centímetros anuales. El ajuste del horario civil es también necesario para conseguir que en un año haya un número entero de días (la adición de días bisiestos cada cuatro años no es suficiente) y para compensar la llamada “precesión de los equinoccios”, el lentísimo cambio de orientación del eje de la Tierra. Sin tales modificaciones en pocos siglos nos encontraríamos celebrando la Navidad en pleno verano, o con atardeceres después de medianoche