Naucrates

Noticias y comentarios sobre Astronomía (y otras cosas remotamente relacionadas)

19 febrero 2006

Colón (II)

Durante los últimos años diversas recreaciones artísticas de la vida de Colón han popularizado la idea de que los viajes del Almirante tenían como fin poner de manifiesto de manera empírica la redondez de la Tierra. En realidad las motivaciones de la empresa colombina tenían mucho más que ver con la relevancia del comercio marítimo que con cuestiones geográficas. Por otra parte, la esfericidad del planeta era algo que ya muy pocos ponían en duda a finales de siglo XV, por lo menos entre los círculos eruditos. Desde la antigüedad se habían formulado decenas de maneras diferentes de constatar este hecho, muchas de ellas relacionadas con la Astronomía. Una de las más evidentes consiste en darse cuenta de que, a medida que nos desplazamos en la dirección Norte-Sur, el aspecto del firmamento cambia sensiblemente. En lugares meridionales son visibles constelaciones que permanecen permanentemente ocultas bajo el horizonte desde localizaciones más norteñas. De hecho, desde el hemisferio austral contemplan un cielo completamente desconocido para nosotros, tal y como constataron los primeros exploradores de esas regiones. De igual forma la altura de la estrella sobre el horizonte cambia con la latitud, aproximadamente un grado -la anchura del meñique con el brazo extendido- cada 110 km de viaje al N o al S, como podemos comprobar fácilmente. Desde el Polo Norte estaría justo sobre nuestras cabezas, mientras que desde el Ecuador apenas despunta sobre el horizonte. Todo esto sería imposible desde una Tierra plana, visión que hoy parece caricaturesca, pero que alguna vez se tomó como cierta.

Colón (I)

Este año se conmemora el V Centenario de la muerte de Cristóbal Colón, el navegante cuyo viaje hacia poniente marcó en comienzo de la Era Moderna. La pericia de Colón como marinero está fuera de duda. Dotado de una poderosa intuición y de un gran “olfato” durante sus viajes, parece ser que los conocimientos astronómicos del Almirante no eran, ni mucho menos, sobresalientes y probablemente no superaban a las nociones que se le exigían a todo hombre de mar por entonces. La navegación siguiendo el rumbo dictado por las estrellas se remonta a los albores de la civilización, siendo ésta una de las aplicaciones más evidentes y útiles de la Astronomía. La “Astronomía náutica” se ha venido desarrollando desde entonces, habiendo culminado en los modernos sistemas de localización por satélite, que han automatizado tareas que antaño requerían esfuerzos notables. No obstante, el conocimiento del manejo de instrumental astronómico a bordo (como la ballestilla o el sextante) sigue siendo de gran utilidad entre los marineros profesionales, toda vez que la tecnología electrónica siempre está sujeta a fallos imprevisibles. Con estos aparatos, midiendo la altura sobre el horizonte del Sol al mediodía o de ciertas estrellas es relativamente sencillo saber la latitud en alta mar. El cálculo de la otra coordenada (la longitud) es bastante más complejo, y de hecho supuso uno de los grandes problemas históricos de la navegación que no se resolvió hasta el desarrollo de relojes precisos –pues conocer la hora local equivale a saber la longitud del lugar, es decir, la distancia al meridiano de Greenwich.

01 febrero 2006

GPS

Se han convertido en una de las siglas más populares de los últimos años, como todas aquellas relacionadas con los pequeños ingenios tecnológicos que nos facilitan la vida. El “sistema global de posicionamiento” -que es lo que significan- permite la localización geográfica instantánea de cualquier punto del globo con una precisión de pocos metros, y su funcionamiento se basa en una flotilla de 21 satélites que orbitan a más de 20.000 km de altura. Sus órbitas se coordinan de forma que, en cada instante, siempre haya por lo menos cuatro de ellos sobre el horizonte de cada usuario. Calculando el tiempo que tarda una señal de radio en ir desde el satélite al receptor, y multiplicando esta fracción de tiempo por la velocidad de la luz, el aparato calcula la distancia a cada uno de los satélites. Para ello, los satélites van equipados con relojes atómicos de gran precisión. Mediante una sencilla triangulación, se obtienen inmediatamente la longitud, latitud y altitud a la que nos encontramos. Los receptores GPS se han miniaturizado hasta tal punto que se pueden incluir en teléfonos móviles o relojes. Este sistema de posicionamiento ha revolucionado completamente la navegación y la conducción, por no hablar de sus enormes aplicaciones científicas y tecnológicas –topográficas, geodésicas, agrícolas, planificación de salvamentos, etc.- que sólo ahora estamos empezando a explotar. El sistema GPS nació como proyecto militar estadounidense, pero la Unión Europea quiere imponer un sistema análogo llamado “Galileo”, mucho más preciso y completamente civil, que entrará en funcionamiento en 2008.

Itokawa

Japón se ha tomado en serio la exploración espacial, en especial en un campo particularmente complicado y desconocido como es la investigación de los “cuerpos menores” del Sistema Solar, tales como cometas y asteroides. Prueba de ello es el éxito de la misión “Halcón Peregrino” (“Hayabusa” en japonés), que durante las últimas semanas ha estado analizando el asteroide Itokawa, una roca de medio kilómetro de diámetro descubierta hace ocho años. Sorprendentemente, las fotografías realizadas por la sonda muestran que la superficie de este cuerpo carece completamente de cráteres, algo insólito para un asteroide, lo cual acentúa si cabe el interés que tiene su estudio. La misión Hayabusa ha sido pionera en muchos aspectos: ha sido uno de los primeros ingenios espaciales impulsados mediante propulsión iónica, un ingenioso sistema que empuja lenta pero continuamente al artefacto en el espacio, y que se perfila como el más prometedor de los métodos a emplear de cara al futuro. Igualmente, será la primera vez que recuperamos para su análisis fragmentos de un planeta menor, por lo menos si los científicos consiguen superar el cúmulo de problemas que han venido afectando a la misión desde hace meses, y que empezaron con la intensa tormenta solar de 2003 que dañó seriamente a la delicada maquinaria de los aparatos a bordo. Actualmente no se sabe si la sonda ha podido recoger adecuadamente muestras ni si éstas podrán volver a casa. Si las cosas salen bien y no surgen más complicaciones, dentro de cuatro años podremos analizarlas y saber algo más sobre el origen y la evolución del Sistema Solar.