Naucrates

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06 abril 2006

Coriolis

Los rayos de sol, que inciden casi verticales en las regiones ecuatoriales, calientan grandes masas de aire y las elevan, creando una zona de “bajas presiones” o borrascas casi permanentes en esta zona del planeta, que riegan las cada vez más escasas selvas ecuatoriales. Por el contrario, el aire frío y pesado de los polos tiende a descender, formando anticiclones o zonas de altas presiones. Este aire frío desciende por la superficie del globo, se eleva en el ecuador y regresa a los polos, formándose una “cinta de transporte” o célula convectiva bien conocida por los meteorólogos. La cosa se complica si tenemos en cuenta la rotación de la Tierra. En efecto, en el Ecuador el planeta gira a casi 1.700 km/h (los 40.000 km del perímetro terrestre en 24 horas), pero a la altura de España esta velocidad se ha reducido a la mitad, siendo evidentemente nula en los polos. Por lo tanto, las masas de aire que viajan hacia al ecuador se “aceleran” –es el conocido “efecto Coriolis”- de forma que la cinta transportadora se rompe hasta en dos puntos en cada hemisferio. Se crean así tres células convectivas en cada mitad del globo, responsables de buena parte de la climatología de nuestro pequeño mundo. Así, en el Hemisferio Norte aparece un cinturón de altas presiones en el Trópico de Cáncer, sobre el que se asientan los grandes desiertos del planeta -Gobi, Sahara, Arizona-, todos ellos situados más o menos en la misma latitud. Más al norte tenemos una banda de bajas presiones, sobre los lluviosos países del norte de América y Europa. Una prueba más, por si hiciera falta, del giro de la Tierra.