Naucrates

Noticias y comentarios sobre Astronomía (y otras cosas remotamente relacionadas)

24 junio 2006

Brújula

Todos llevamos sin saberlo una brújula en la muñeca, por lo menos los apegados aún la la tecnología analógica de los relojes de esfera y manecillas. Para orientarse utilizando un simple reloj de pulsera basta con seguir unas sencillas instrucciones. Lo primero es colocarlo en un lugar plano y soleado, pues será el Sol quien nos oriente en último término. El siguiente paso es ajustar la hora indicada –que es la hora local oficial- a la hora solar. Desde León se puede conseguir una buena aproximación simplemente restando una hora en invierno y dos en verano, de forma que, si son las 11:30 de la mañana en un día de junio, habrá que ajustar el reloj para que marque las 9:30. Una vez realizado esto, apúntese con la manecilla pequeña (la que indica las horas) hacia el Sol con la mayor precisión posible. Pues bien, en esta posición el Sur se encuentra siempre a medio camino entre esta manecilla y la marca de las 12 del reloj. Si, por ejemplo, la manecilla horaria señala las 4, el punto cardinal Sur se encuentra muy aproximadamente en la dirección a la que apunta la señal de las 2. Si esta manecilla está en las 6 de la tarde, el sur está señalado por el 3 de la esfera del reloj, y así sucesivamente. Se entiende así que en el momento del mediodía solar, que en verano cae entre las 2 y las 3 de la tarde, el Sol está exactamente en el Sur, y alcanza además su altura máxima de ese día sobre el horizonte. El método, lógicamente, también funciona a la inversa: cuando el Sol pasa sobre el Sur, serán las 12:00 en horario solar, a la que habrá que sumar una o dos horas para transformarla a hora local.

Luz

Además de los meteoritos y algunos kilos de rocas lunares que trajeron los astronautas norteamericanos hace tres décadas, todo lo que sabemos del Universo nos llega a través de algo insustancial y etéreo: la radiación, bien en la forma más familiar a nuestros sentidos –la luz- o en otras algo más exóticas, como las ondas de radio o los rayos X. Es sorprendente lo que hemos podido descubrir únicamente a partir de algo aparentemente tan simple. La cantidad de luz que llega a nuestros ojos a partir de los astros ya nos informa de muchos aspectos interesantes, como los cambios de brillo que sufren algunas estrellas, llamadas “variables”, o la distancia a la que pasan cometas o asteroides. Pero podemos exprimir aún mas estos rayos lumínicos haciéndolos pasar por un prisma de cristal. Esto ya lo hizo Newton hace tres siglos y descubrió que la luz blanca se descomponía en los colores del arco iris formando una banda conocida como “espectro”. Cuando se repite el experimento con la luz del Sol o de otras estrellas más lejanas, en este espectro aparecen unas líneas negras, a manera de código de barras, que desconcertaron a los astrónomos durante muchos años. Finalmente se dieron cuenta de que ese espectro se correspondía con el de la luz que emitían ciertos gases sometidos a altas temperaturas, como las reinantes en el seno de las estrellas. La deducción era evidente: analizando el espectro de los astros se podía saber su composición química. De esta forma hoy sabemos que en lejanísimas nebulosas hay agua, aminoácidos y otras moléculas sencillas que constituyen los ladrillos sobre los que se edifica la vida.

10 junio 2006

Robots

Mientras en la mitad norte de nuestro planeta empezamos a sentir los calores veraniegos, en Marte comienza un frío y crudo invierno, que dura además el doble que el terrestre. Contra todo pronóstico, unos vehículos robóticos siguen aún vivos en la superficie del Planeta Rojo: el ‘Espíritu’ y el ‘Oportunidad’, dos de las más exitosas misiones de la NASA, continúan enviando diariamente un ingente caudal de valiosísima información sobre la superficie de este mundo que posiblemente visitemos a lo largo de este siglo. Los científicos ya se daban por satisfechos si hubieran funcionado durante tres meses, ¡pero es que ya llevan operando a pleno rendimiento durante más de dos años! Se trata de una pareja de robots del tamaño de un televisor que se desplazan a cierta velocidad por el inhóspito suelo marciano obteniendo todo tipo de datos, aunque quizá los más impactantes lleguen en forma de fotografías que nos evocan un paisaje no demasiado diferente al de la Tierra. La débil luz solar del invierno marciano sólo dejará trabajar a estos ingenios durante unas horas al día. El ‘Espíritu’, que hace poco perdió una rueda, ahora sólo puede caminar hacia atrás y pasará el invierno en una ladera soleada, recargando su batería. Le quedan 120 m para llegar a su punto de hibernación, pero en estas circunstancias sólo puede funcionar una hora al día, durante la que se mueve unos 12 m. El ‘Oportunidad’, que se mueve por una zona más iluminada, seguirá activo durante esta estación; recientemente ha salido del cráter Erebus y se dirige a explorar el cráter Victoria, a 2 km de distancia. Ojalá tarden mucho en apagarse.

Planetas

En su incansable recorrido a través de la bóveda celeste, los astros llegan en ocasiones a posiciones notables o por lo menos curiosas. Echemos por ejemplo un vistazo al cielo cualquier noche de éstas. Antes de que se ponga del todo el Sol los de vista más aguda ya podrán vislumbrar los planetas más brillantes despuntando en el incipiente cielo nocturno. Algo más tarde, la salida de las estrellas nos ayudará a ubicarlos en el firmamento y seguir su lento camino alrededor del Astro Rey. Sobre todos ellos destaca Júpiter, relumbrando entre las constelaciones de Virgo y Libra, y no se queda atrás su hermano Saturno, en Cáncer, cerca de la Luna creciente. En concreto, el planeta de los anillos está cruzando actualmente el llamado “panal”, una acumulación de estrellas a 600 años-luz de distancia que, en una imagen telescópica, pueden confundirse con las pequeñas lunas del planeta. El punto rojo que se le acerca por la derecha no es otro que Marte, y de hecho el miércoles estarán tan próximos que podremos tapar a ambos a la vez con la mano. A mediados de mes otro planeta entrará en escena: el pequeño Mercurio, muy próximo siempre al horizonte que tapa al Sol, pero suficientemente brillante como para apreciarlo a simple vista. El día 15 será la mejor oportunidad para observarlo. De esta forma se verán simultáneamente cuatro de los cinco planetas más brillantes, además de nuestro satélite, bailando entre las constelaciones primaverales. Ni telescopios ni tan si quiera prismáticos; no hace falta nada más que buscar un lugar despejado y lejos de las luces urbanas para disfrutar de este maravilloso espectáculo.