Naucrates

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25 enero 2007

Hierro

El descubrimiento de la obtención de metales a partir de sus fuentes minerales fue tan determinante en la evolución de nuestra cultura que de hecho las etapas tecnológicas de la historia humana se definen por el metal dominante en la industria de cada momento. Tras las Edades del Cobre y del Bronce, el hombre aprendió hace cuatro milenios a obtener un metal más sólido y resistente a partir de ciertos minerales, inaugurando así la edad del Hierro, que, en cierto sentido, llega hasta la actualidad. No obstante en aquél tiempo ya se conocía este prodigioso material, ocasionalmente hallado en forma de pesadas rocas caídas del cielo. En efecto, muchos meteoritos están formados casi exclusivamente por este metal, y constituían hasta entonces la nunca fuente disponible de este valioso producto, más precioso que el oro. No es extraño que se atribuyeran propiedades sobrenaturales al hierro, considerando sus propiedades extraordinarias y su origen celestial. Parecía un regalo de los propios dioses. Las antiguas leyendas europeas sobre metales mágicos (desde la espada “Excalibur” del Rey Arturo hasta el anillo de los Nibelungos, reelaborada en la novela El Señor de los Anillos) están probablemente enraizadas en esta mitología. Es posible incluso que las palabras “sideral” y “siderurgia” compartan el mismo origen griego. El hierro se forma en el núcleo de las estrellas, y el que hoy hallamos en la Tierra –incluyendo el de nuestra sangre- procede concretamente del corazón de un astro que estalló hace miles de millones de años en una explosión “supernova”, y de cuyos escombros se formó el actual Sol y su corte planetaria.